





Ahora bien, en cuanto se trata de la fuerza física, por una burla de naturaleza, el hombre es más fuerte y soporta mejor las elevadas dosis de stress que provoca el duro oficio de la albañilería. Aparte de que en ese ramo no son sólo 8 horas las que se trabajan, sino como mínimo 10 (o por lo menos siempre fue así en los más de 25 años que estuve trabajando). Levantar sacos de cemento para vaciarlos en capazos y ponerlos en la boca de la hormigonera, para con una pala llenarla de arena, previo llenada de su dosis de agua. Subir ladrillos, ponerse a hacer zanjas, cargar y descargar runas, poner pesadas bovedillas o bloques, hacer mamposterías de pesadas piedras, subirse a andamios de vértigo, hacer pavimentos o tejados con todas las horas del día con a espalda doblada, haga calor, frío, viento o llueva. Etc..., etc.... Aparte de soportar el infernal ruido de las máquinas de picar o las hormigoneras. Eso, sencillamente las féminas no lo aguantan. Vamos, por ejemplo, qué mujer se pone unas botas de agua, y rellena la lechada que hecha el camión de la cuba del hormigón, para repartirlo y dejarlo bien vibrado y bien nivelado en el suelo, a toda prisa, con una temperatura de 30 y pico grados al sol, para que no se seque antes de tiempo y se eche todo a perder. Eso último, seguro que nadie lo ha visto en ninguna parte.

La única vez que ví mujeres albañiles fue en la brigada de obras del ayuntamiento de Girona, con un buen mono puesto encima y reparando algún panot roto de alguna calle,...pero no duraron. En la pequeña empresa privada de construcción, donde se compite y se trabaja duro de verdad, en esa nunca he visto en mi vida a una mujer haciendo de albañil. Es oficio demasiado duro, y las mujeres no están hechas para eso aunque lo pretendan. Como me decía un maestro albañil: "duran menos que una hoja seca de otoño". Menos ahora que casi no hay curro, con la mitad de los actuales parados procedentes del sector de la construcción. Imaginaos ahora en el caso de las mujeres, si es que ésas fueran albañiles, aparte de que el envidiable sueldo y la fama de su importante poder adquisitivo ya no es lo que era: ahora el oficio se ha puesto más duro que nunca, por la mayor competitividad en los precios y con las ofertas de unos precios de auténtica miseria para colmo de los males de esa ya de por sí maldita profesión.
No cabe la menor duda que ellas están más hechas para pelar patatas, freír algún huevo, barrer la casa, o coser algún botón del mono del pobre albañil. La albañilería sigue siendo lo que ha sido siempre: un oficio sólo apto para aquellos que no sirven para trabajar en otra cosa, pero que tengan lo que se dice ¡un par de cojones!. ¡El último de los oficios!.
Pero no digo que ellas no puedan ejercer. Esto es un libre mercado, y cualquiera puede mostrar sus capacidades, rendimientos y talentos en ese duro oficio de la albañilería. Es más, para mí es algo admirable e impresionante ver alguna mujer capaz de atreverse con el oficio de la paletería, y que además demuestre que vale tanto o incluso más que cualquier otro buen albañil masculino. O sea, que me quito el sombrero por ellas.



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