miércoles, 22 de agosto de 2012

El ALMACEN DE ÚTILES Y HERRAMIENTAS. ROBOS EN LAS OBRAS.


Toda empresa de construcción precisa de sus propios útiles y herramientas para sus necesidades constructivas. Cuando estas no suelen estar en las obras propiamente dichas, suelen estar en un almacén, o en alguna parcela propiedad de la misma constructora (o sea del amo), o bien que es de alquiler, aunque esto último no es frecuente, a no ser que sea una gran empresa constructora que labora temporalmente por la zona. Puede ser una nave industrial que hace las veces de almacén, el garaje grande de la propia casa del constructor, que la habilita para darle función de almacén, o una parcela envallada con el suficiente espacio para guardar todas esas cosas. Cuando es parcela o nave industrial, también suele ser el lugar donde se guarda el parque móvil de la empresa: coches industriales, furgones, camiones, retros, botcats, máquinas hormigoneras, transpalets, montacargas, etc,.., así como las grúas si las hubiere. Claro que siempre hace falta un espacio para su mantenimiento y guardado.


  Generalmente ese almacén suele tener un poco de orden para que todo el personal de la constructora sepa dónde está cada cosa que es necesaria cuando se busca: espacio para tablones, borriquetas, puntales, tableros, cubos, carretillas, capazos, sargentos, bidones para llenar agua, vibradores, los cuadros eléctricos, …así como el sitio para los distintos materiales: las distintas modalidades de ladrillos, bovedillas, rasillas de gres, panots, mosaicos, vigas restantes o trozos de las mismas, restos útiles procedentes de derribos como son viguetas o greys, varillas de hierro para armar, etc…, teniendo también alguna provisión de los distintos materiales de construcción (sacos de cemento, yeso, pegoland, etc..) así como sus sobras para gastarlos en otros lugares. También cumple la función de almacén donde se guarda el material que se compra directamente al fabricante, y de este modo sale más barato que comprarlo en las casas de materiales de construcción.



Así los distintos empleados, según necesidades de cada una de las obras, tiene copia de llaves para ir al almacén a buscar todo lo que haga falta, y que normalmente esta custodiado por un perro que pertenece al amo de la constructora, que sólo se enfada ladrando cuando se acerca gente que le es desconocida. De vez en cuando se envía allí a algún peón para que ponga un poco de orden y limpie, así como hacer un inventario de poner al día el estado del almacén. Los martillos comprensores eran, por ejemplo, algo que se tenía que tener presente a qué lugar se iba a utilizar, pues no había para todos, y se tenía que ir repartiendo su uso. Recuerdo que en la época del boom, muchas veces nos faltaban andamios porque todos estaban colocados en el resto de las obras, y teníamos que trabajar con escasas borriquetas y tablones, como se podía,….levantando, por ejemplo, las paredes de las fachadas desde las propias plantas superiores, de forma más agachada, difícil y complicada, y en definitiva como se podía, porque no teníamos andamios para montar.


También recuerdo los tiempos del franquismo y el postfranquismo, cuando no existían demasiadas normas ni demás prohibiciones laborales, en los que con un simple carro de esos que tiran las mulas, uno o dos peones lo utilizaban para ir directamente al almacén a cargar las cosas que hacían falta en cada obra y llevarlas a su destino, atravesando las calles del pueblo, sin que nadie se escandalizara por un espectáculo así. Ahora todo se va a buscar y se lleva con coche-furgón o camión de la empresa, camión que a veces tiene incorporado un sistema de grúas que hace más fácil el cargado-descargado de cada una de las cosas que se manejan.


Claro que otro tema es el de los robos, de las frecuentes cosas que desaparecen en esos almacenes, por el valor que tienen, cuyos autores inevitablemente muchas veces suelen ser de otras constructoras que llevan gentes deshonestas amantes de lo ajeno, y generalmente de otros países, aunque para esto, las autoridades acostumbran a hacer la vista gorda y a no dar importancia. Toda pequeña empresa del país suele tener en su historial que muchas veces les han robado sus pertenencias de sus almacenes. Los vallados y cerrados ponen difícil los robos, pero no lo impiden, desgraciadamente,…y no me refiero al almacén en sí, sino a la propia obra, de la cual muchas veces a la hora de plegar, las principales herramientas y de más valor, se tienen que guardar en a caseta, barraca, o habitación habilitada para eso, bien cerrada con llave. Claro que para esto se pueden tomar precauciones instalando cámaras ocultas en los lugares menos pensados, que puedan complicar la vida a los cacos si son identificados y pillados. O bien esas herramientas de gran valor, como el caso de los martillos comprensores, suele llevársela consigo en el maletero de su coche, el albañil responsable de su uso, ya que es demasiado arriesgado dejarlo en un almacén o barraca, con el riesgo de que sea robado.


Hablando de robos, lamentablemente es algo habitual que se roben las herramientas de los propios compañeros de las obras, incluso sus pertenencias personales, sea dinero de la cartera, que no es prudente llevar ni dejar en ninguna taquilla o en el rincón que hace de vestuario de la obra. Y no digamos del robo de cualquier material de construcción, sea cemento, azulejos, o los grifos que tiene que poner el lampista, para ponerlos el albañil en su domicilio particular. Y además los robos que son perpetrados por la noche, pensando, por ejemplo, los azulejos de calidad,  los radiadores que se tienen que montar por la obra, o la cocina que queda por pre-instalar. Cualquier cosa de utilidad que encuentran, la pueden robar, aunque sea para venderla a algún chatarrero y sacarse con eso algunas perras. Claro que eso no sólo es algo que hagan los amantes de lo ajeno, sino que a veces tienen el chivato dentro de la obra que es donde también trabaja. En la época del boom, con tanta inmigración, muchos no sabían que incluso dentro de las obras habían gentes que eran verdaderos delincuentes, agresivos y hasta violentos; es una realidad que muy poca gente conoce.


Claro que en algunas obras muy grandes me enteré que incluso habían llegado a contratar de vigilantes a conocidos "clanes de gitanos", que a cambio de una buena cuota de dinero, y con la presencia de un viejo patriarca gitano, se garantizaba que no se produjeran robos en las obras.

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