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domingo, 24 de agosto de 2014

MI BLOG SUPERA EL MEDIO MILLÓN DE VISITAS SEGÚN EL CONTADOR DEL GOOGLE



En fecha del pasado 21 de agosto de 2014, mi blog de albañilería y construcción "EL MAESTRO DE OBRAS XAVIER VALDERAS", había superado la cifra psicológica del medio millón de visitas, y en concreto en estos momentos que publico la presente entrada ya está por las 502640 visitas. ¡Todo un récord!. Una cifra que impresiona, e indicador de que es un blog que no deja indiferente a nadie de los del sector. La cosa está como para celebrarla y estar de enhorabuena.

Como podéis ver es un blog muy distinto, con puntos de vista distintos, con un estilo de escritura y presentación distintas, y desde luego nada comparable a los blogs de cualquier facultativo de los tantos que hay por internet. Un blog escrito desde la limitada pericia y la experiencia de quien estuvo 25 años trabajando en el sector del ladrillo, una mitad como peón, y la otra mitad ejecutando trabajos más propios de oficiales, y sin apenas formación alguna, salvo la de la experiencia y la práctica de mucho trabajo. Y es que de aquí se nutre el manantial de todo lo que aporto en este blog. Es desde luego, el blog de un currante, que se identifica con los currantes del ladrillo, y de alguna forma representa el mundo del currante de la construcción, tantas veces ignorado y marginado por el resto de la sociedad, pero que también busca que se conozca cómo es en realidad el mundo del currante de la construcción.

Soy consciente de que quedan muchas cosas por aportar, y si acaso hacer las exposiciones con más detalle y profundidad. Pero es que no dispongo del tiempo que quisiera para eso, aparte de la dedicación y los proyectos que tengo para los otros blogs de los cuales también soy el autor, y que los podéis ver por el lado derecho del presente blog. En todo caso, en cuanto se refiere a nuevas entradas para tratar de nuevos temas, se hará lo que se pueda y de acuerdo con el escaso tiempo disponible.

De todos modos os doy las gracias por seguir mi blog (que eso es la mayor satisfacción para un bloggero), y os animo a lo que más echo en falta: que dejéis vuestros comentarios, porque eso también mejora y enriquece el blog, que como sabéis, sólo está para compartirlo entre todos los internautas, en especial los albañiles, porque este es vuestro blog.

Cordiales saludos a todos, y vayamos ya para la siguiente parada: conseguir el millón de visitas. Y luego ya hablaremos....




lunes, 1 de julio de 2013

DIFERENCIAS ENTRE PROMOTORA, CONSTRUCTORA E INMOBILIARIA



Aunque los tres términos pueden confundirse, la promotora generalmente es la que tiene el terreno y solicita los servicios de la constructora (para la construcción de las viviendas), y de la inmobiliaria (que es la que la comercializa, sean nuevas o de segunda mano). Y a veces las tres cosas se funden en una sola: la misma empresa a la vez invierte, construye y vende.

 

Se empieza por tener el terreno, se encarga un proyecto a un arquitecto para que elabore unos planos dentro de las exigencias legales y las indicaciones del interesado, a partir de los cuales se solicitará una licencia al ayuntamiento correspondiente.


 Como se dice en el mundo de los negocios “el cliente es el rey”, se procura tener contento al que pone el dinero, porque como te encuentre caro o no le gustes, no sólo te arriesgas a que no te vuelva a contratar, sino que además hablará mal de ti, y ya se sabe que el “boca a boca” es la mejor propaganda de uno mismo.

 

Promotor lo puede ser cualquiera, siempre que tenga el dinero suficiente para cubrir los objetivos de la inversión que pretende, que no es otra cosa que obtener buenos beneficios. Ese dinero puede ser propio, o bien de los bancos que le prestan, siempre avalado de alguna manera para dar garantías. Claro, tiene que contratar a un arquitecto (que es quien le hace el proyecto dibujado sobre un  plano), y a un aparejador para que vigilen que la constructora (es decir, los albañiles) acaben dando forma material a lo que está dibujado en el plano. Ese equipo (arquitecto y aparejador), reciben el nombre de “dirección facultativa”, aunque no sudan, no tienen que soportar enormes esfuerzos, ni tanto stress, ni soportar tantas veces los cascos o arneses de los albañiles, que son los que hacen la faena más sucia y esforzada.  

"EL POCERO"


La constructora la componen la empresa con el grupo de trabajadores con mayores o menores conocimientos técnicos, subdivididos en categorías (el dueño de la empresa, el jefe de obra, el encargado, el oficial, el peón, el ayudante, el pinche, etc..) según su preparación y especialización,  que no sólo está formado por el personal de la propia empresa constructora, sino también a veces por otros albañiles o peones autónomos, o terceras empresas de construcción subcontratadas. Está formada por aquellas personas que van a hacer la parte más dura y estressante del trabajo, haga sol, frío, nieva, llueva o haga viento.


Dentro de lo posible los empresarios contructores ( llamados también “contratistas de obras”) tratan de conseguir el máximo beneficio que pueden, a través de presupuestos competitivos que se aceptan o no, o pactando los trabajos realizados por determinados  precios a horas, ya que esto es un libre mercado, con la más salvaje competencia que se pueda conocer.


El promotor, claro, trata de vigilarlos que realicen bien sus trabajos por medio de la dirección facultativa, que a veces no coincide con sus intereses por las exigencias de los cumplimientos legales, que muchas veces son muy caros y encima ni son productivos, como por ejemplo poner barandillas que estorban, o redes en los andamios, y muchísimas cosas que se me harían muy largo de comentar. Por eso tanto promotora como constructora, generalmente suelen ser más hostiles con la dirección facultativa, tratando de evitarlos en lo que pueden, con escasas reuniones y dando muchas excusas, ya que ambos pretenden el máximo de beneficios, tanto en dinero, como en ganar tiempo y vender cuánto antes.

 

Claro, entre lo de “el cliente es siempre el rey” (y como no lo tengas contento peligra tu posible futuro contrato), y lo que son las exigencias legales, esa dirección facultativa (arquitectos y aparejadores) son los que tienen que vigilar que los trabajos se ejecuten bien y tengan la calidad legal exigida, ya que son ellos los que han de certificar los informes, y a los que se les van a exigir responsabilidades de esas construcciones que muchas veces construyen albañiles que son unos verdaderos chapuzas semi-analfabetos (con perdón, que no todos son así, y los hay que valen más que cien arquitectos), que naturalmente así no se ven en condiciones de poder responder al alto nivel técnico que exige la legalidad, y por eso la dirección facultativa se hace unos seguros de responsabilidad civil, por si acaso.


 Claro que entre los unos y los otros, aunque tienen que convivir por la fuerza, muchas veces se hacen de difícil convivencia y entendimiento, tratando cada uno de interpretar su propia comedia como pueden, dentro de ese mundo de las hipocresías y las picarescas. Y es que la cruda realidad del mercado es que es el dinero el que siempre manda.

 

Por su parte la inmobiliaria, que suelen ser como tiendas donde en sus escaparates están expuestos los planos o las fotografías de las viviendas en venta, son las que se dedican a vender, y muchas veces se han quedado con comisiones de entre el 3 y el 10% del precio de venta del inmueble, haciendo gestiones de escrituras, hipotecas, y todas cuantas se tengan que intervenir en ese asunto. Así que por un piso de 200.000 euros, ganar de golpe en un día 20.000 euros, no están nada mal, considerando que esa era la ganancia de un albañil en todo un año de duro trabajo, y que se gana en apenas pocas horas sentado en un cómodo despacho.

Hace varios años, para dedicarte a la profesión de vender fincas (parcelas y edificaciones), tenías que tener un título oficialmente reconocido de A.P.I. (Agente de la Propiedad Inmobiliaria) para con el que para dedicarte, antes tenías que aprobar unas oposiciones a API; pero llegó un buen día que el mercado se liberalizó por completo, y cualquiera tenía la libertad de abrir una inmobiliaria para vender viviendas, igual como si pusiera una tienda de chuches o de churros. La cuestión era tener imaginación e iniciativa propia, y saber vender, y hubo que tenían gran talento comercial y se hicieron ricos en poco tiempo, pues no es lo mismo vender una camisa, que vender una casa en un solo día, con las abismales diferencias de margen de ganancias entre vender una u otra cosa.

 

Cabe decir que a veces los promotores y los constructores, más pendientes del beneficio y de lo productivo, no van de la mano con la dirección facultativa (arquitecto y aparejador), ya que esos últimos son por exigencias legales, y conllevan sus propias exigencias, que muchas veces tienen poco de ver con lo productivo, la rapidez en la ejecución, el plazo de entrega de la obra terminada, y la filosofía empresarial del máximo beneficio en el menor tiempo posible. Pero aunque todos van por lo común: el negocio de la vivienda, son tres cosas distintas, que a veces han venido fusionadas las tres partes en el interés común.

 


Ya con el estallido de la burbuja inmobiliaria, hemos visto que varias docenas de miles de tiendas inmobiliarias han tenido que cerrar por falta de ventas, las contructoras han tenido de despedir cientos de miles de albañiles (y muchísimas empresas incluso cerrar) por falta de cobros y falta de trabajo. Y los promotores se han quedado colgados y arruinados con tener unos terrenos que ya no valen ni la mitad de lo que les costó, con edificaciones que ya no se venden ni a la mitad de precio de hace 5 años, teniendo muchas edificaciones a medio terminar, y los bancos cerrando el grifo del dinero por la falta de seguridad en la venta de los inmuebles, así como dificultando el crédito e hipotecas a empresas y a particulares, por el tremendo paro que hay.


Ha habido una especulación descontrolada y unos precios demasiado sobrevalorados de los inmuebles, que ha provocado unos daños colaterales en todas las partes implicadas, al encontrarse que todo eran anotaciones en cuenta, y que no existía realmente el dinero para financiar todo lo que se estaba haciendo. Y naturalmente, el banco no concede préstamos (aparte que también tiene problemas de liquidez), si el promotor no invierte (porque hay excesiva saturación de viviendas en el mercado, que sigue siendo muy caras de comprar, a pesar de haber bajado una media de más de un 50% en su precio de hace 5 años), y la constructora (y con ello los albañiles) no tienen faena estable y al medio-largo plazo, tampoco tienen trabajo la dirección facultativa (arquitectos y aparejadores). Y así nos han jodido entre todos. 


miércoles, 12 de junio de 2013

DESEMPEÑOS DE ALBAÑIL EN LAS OBRAS



Como se sabe, la albañilería, aunque tiene muchos puntos de contacto con la arquitectura, se diferencia, no obstante, de ésta, en que la ejecución de las obras de arquitectura incluye necesariamente la albañilería, pero no todas las obras  de albañilería pueden llamarse arquitectónicas, y un operario puede ser muy buen albañil sin ser arquitecto, no pudiendo darse, en cambio, un buen arquitecto sin que a lo menos pueda dirigir a un albañil en todas sus operaciones. 


En una palabra, la arquitectura regula las proporciones de los edificios y construcciones en general y escoge el género de materiales apropiados a cada caso, mientras que la albañilería sólo interviene para dar forma plástica y realización práctica a las ideas y proyectos de la arquitectura. Por esa razón, aunque los estilos de arquitectura han variado en diferentes periodos, la albañilería ha permanecido poco menos que estacionada, pues los mismos, con corta diferencia, son los materiales y  principios de construcción de que se servían los pueblos antiguos de los que se emplean en la actualidad. 


Si alguna diferencia hay entre el arte del albañil antiguo y el de nuestros tiempos, es precisamente en desventaja nuestra, dada la habilidad con que aplicaban los principios de la albañilería los egipcios, griegos y romanos; muchos de los monumentos que de ellos se conservan son obras maestras por su grandeza, por la acertada elección de los materiales y por el arte con que los unían, esto sin mencionar las construcciones ciclópeas, en las que los materiales no aparecen unidos con ninguna argamasa intermedia.


Durante la dominación de los godos, encontramos en las obras de albañilería una simetría y solidez admirables, pero pierden el aspecto de sencillez que tenían las de los romanos, ofreciendo en cambio mayor variedad y elegancia. Un paso muy notable ha dado, sin embargo, la albañilería moderna al basarse sobre el conocimiento científico de la naturaleza y propiedades de los materiales que se puede disponer. 


Las técnicas de base, de las que he hablado con anterioridad, nos permitirán abordar algunos trabajos Estos no entrañan dificultades cuando se han elegido bien los materiales y los productos necesarios para Su colocación o la forma que pretendamos dar. Así, aplicar un revestimiento correctamente u obtener un buen empotramiento de yeso, puede ser más difícil que montar un tabique, por ejemplo. En todo caso, el método y la atención no pueden reemplazar la experiencia, aunque serán condiciones indispensables para obtener resultados satisfactorios



Ahora bien, que nadie se llame a cuento: el oficio de albañil es muy duro, esforzado y cansado, y hay que tener muchos cojones para dedicarse a eso que muchos lo consideran como el "oficio más desgraciado del mundo", uno de los pocos, en las que las personas tienen que trabajar como mulas, y encima en situaciones que muchas veces son de mucho riesgo, de jugarse la vida. La obra muchas veces es moscas y polvo en verano, y barro y frío en invierno, sin que igualmente falte el polvo. Un trabajo que requiere respirar suciedad, y sudar suciedad, de modo que la ducha es de obligado cumplimiento todos los días. La mujer que se casa con un buen albañil, tiene la buena suerte de que se casa con un hombre limpio con quien compartir la cama, y a lo sumo fuerte, y con buenos músculos.


Los albañiles, cuando tienen que hacer de encofradores en la fase que están haciendo la estructura, por ejemplo, siempre tienen que trabajar a merced de la caprichosa intemperie, que precisa de gran resistencia física y gran capacidad para aguantar el stress. Cuando encofras, en invierno las armaduras, por ejemplo, suelen estar heladas, cubiertas de escarcha, que para cogerlas, a veces se tienen que templar un poco con el fuego de un soplete; en verano, a las tres de la tarde, como cualquier metal, las armaduras abrasan, a pesar de tener que cogerlas con los guantes para que no te quemes en el momento de colocarla en su sitio, y tampoco es cuestión de echarles agua para que no quemen, y eso si contar lo que pesa cada una de ellas en el momento de colocarlas.

Y cuando viene la cuba del hormigón, en pleno verano, se extenderá en el  forjado como una sopa caliente que expele calor como si fuera un radiador, y aquello no se puede dejar, que hay que repartir bien el hormigón, nivelarlo, taponarlo, con unas botas de agua que no sabes para qué te las pones, si igualmente por dentro tienes los pies mojados de tanto sudar (claro que es para proteger la piel del contacto con el hormigón, ya que el cemento es corrosivo para la piel, y hay que protegerla como se pueda). Y luego ese hormigón, durante el forjado, expelerá mas calor. Nada agradable.


Y lo mismo te digo si en pleno verano tienes que poner tejas en una cubierta, aguantando el sol de justicia, con un simple sombrero de paja o de tejido para mojarlo,  reventándote la espalda desnuda por el terrible calor a soportar en largas horas, o en invierno con el viento frío y a veces el suelo en pendiente helado, que si hay la escarcha del amanecer, incluso te juegas la vida por efecto de un mal resbalón, aunque lleves colgado encima el pesado y odioso arnés ataco con una cuerda.


En la época del boom, compensaba lo suyo, ya que era muy duro y arriesgado, pero ahora que los precios han reventado a precio de miseria uno se plantea si vale la pena seguir en el oficio que aparte de ser de los más antiguos (y nada de ver con la prostitución), es también uno de los más duros y desgraciados del mundo. Eso es el oficio de albañil.


En la época de Francisco Franco, que acostumbraba a ser una época en que un albañil empezaba en una empresa, cobraba el sueldo bajo propio de la época (igualmente en esa época su dinero tenía gran valor, porque todo estaba muy barato) y acostumbraba a quedarse toda la vida en la misma empresa, o se independizaba para crear otra de propia, ya que en las empresas de construcción, normalmente de carácter familiar, imperaba un sentido muy paternalista, ya que el amo de la empresa habitualmente había sido otro albañil que igualmente había empezado muy jovencito con 14 años, y te podía entender mejor que nadie. Era un oficio en el cual cada cual aprendía a su manera, y no era algo que se hubiera aprendido en escuelas de F.P. o de algún cursillo, aunque existían los cursos teóricos a distancia de CEAC sobre albañilería y obras.


Ya se empezaba con 14 años, para servir la pasta, acarrear los ladrillos, montar las bastidas a petición de los oficiales, limpiarles y guardarles las herramientas a los oficiales, quitar las runas y tener limpia la obra, etc.. etc..., y quien espabilaba un poco, podía aprovechar para hacer prácticas de colocar algún ladrillo o de enfoscar alguna pared. Luego con el paso de los años, la edad legal para trabajar se retrasaría a los 16 años, hasta que al final incluso con las nuevas normativas de seguridad y prevención, al parecer (y de esto no estoy muy seguro), por razones de ser un trabajo arriesgado, no permiten que nadie empiece a trabajar de albañil si no es a partir de los 18 años, aunque parece ser que en España todavía sigue siendo legal empezar a trabajar a los 16 años. Claro, lo que no se aprende y mama desde los 14 años, a los 18 años es más difícil de aprenderlo y mamarlo, lo cual hacen un nuevo albañil menos cualificado, más vago y menos preparado para la dureza que supone esa profesión.


Si el muchacho aprendía, se espabilaba, perseveraba, se esforzaba, iba aprendiendo y empezaba a adquirir méritos, y con ello a crear esa confianza que se necesita para poder ofrecerle las tareas a encomendar que iban saliendo sobre la marcha, y de ahí empezaba a salir el albañil, que si con el tiempo empezaba a entender de planos y tenía cierta capacidad de manejar personal, con el tiempo podría incluso llegar a encargado, distribuir los grupos de cuadrillas y organizar las obras de acuerdo con las directrices de los jefes. De este modo, un chico que había empezado con 14 años, a los 34 años ya tenía 20 años de experiencia en sus espaldas, y ya podía llegar a adquirir responsabilidades aceptando cargos de encargado, o ponerse autónomo para ser subcontratado, o crear su propia empresa en base a sus propios méritos, prestigio y fama con el que tendrían que empezar a salirle los clientes.


Pero los que se quedaban hasta el final en la misma empresa (si es que no la cerraban antes, ya que en este país nuestro hay más empresas que se mueren de jóvenes con 30 y pico años de vida, que de viejo, es decir que es raro que una empresa de construcción dure 50 años o más, aunque también las hay), con el paso de los años acusaban tal desgaste físico, que previo a la entrada en la edad de la jubilación pactaban con la empresa un despido que fuera satisfactorio para ambas partes. Si es cierto que en caso de despido o cierre de la empresa se tenía que pagar una indemnización en función de los años trabajados, pero antaño si bien podías jubilarte anticipadamente con 60, 62 ó 63 años, siendo la edad definitiva los 65 años, ya cuando pasabas directamente a la jubilación no iba a tener efecto esa jugosa indemnización que muchos reciben como una lotería.


 Claro que si en vez de a los 65 años, te jubilabas antes, no cobrabas lo que te correspondía al 100% de la jubilación, e incluso podrías tener una quita del hasta el 40%. Pero se llegaba tan reventado a esa edad, que existían albañiles ya mayores que pedían a las empresas que los despidieran, aunque fuera a costa de no cobrar la indemnización, pues si te despedían con 63 años, te tocaba pasar a cobrar 2 años de paro, y luego automáticamente ya entrabas en la jubilación con la correspondiente indemnización que no la cobrabas igualmente si llegabas al camino final de los 65 años, cuando te tocaba jubilarte. De esta manera se beneficiaba el albañil, que a esa edad ya no estaba para muchos trotes y podía pasar primero 2 años cobrando el paro y luego ya a la jubilación, y la empresa porque aparte de no pagarle la indemnización se quitaba de encima a una persona que dada la edad, rendía menos que otros más jóvenes, aunque tuviera más experiencia.


 Pero lo injusto es que con lo duro y desgastado que es ese oficio, los mineros de las empresas públicas tengan derecho a jubilarse con 45 años, y ahora piden que los albañiles se jubilen a los 67 años, con perspectivas que retrasar esa edad a los 70 años, una edad que en ese oficio se pone muy en duda si se puede llegar vivo. Eso es pues una cuestión de injusticia, impuesta por la casta política, para ahorrar pagar pensiones de jubilación, e impuesto por esa misma casta política, que siendo cabrones e insensibles, ninguno a trabajado ni tan siquiera de peón como para entender qué es lo que significa estar trabajando largos años en el rudo y crudo mundo de la construcción.



domingo, 9 de junio de 2013

LOS MATERIALES DE CONSTRUCCION

 

Desde siempre edificar ha sido una de las principales actividades humanas, ya que, para protegerse y sobrevivir, el hombre debe construirse un hogar, un refugio. Por tanto, el oficio de albañil es uno de los más antiguos del mundo.

Los materiales de construcción han conocido una historia paralela al desarrollo tecnológico y económico de la sociedad. La extracción y fabricación, la difusión y utilización, la puesta en práctica, todos los aspectos de la producción y utilización están íntimamente ligados a la realidad de una época dada, hasta que desde tiempos más recientes; con los descubrimientos y la revolución industrial, ha sido posible la fabricación en gran escala de materiales de la construcción que han permitido hacer realidad la vivienda más al alcance de un mayor número de personas.

Hoy en día coexisten los materiales naturales tradicionales, formados por las diferentes rocas (calizas y silíceas) y los más modernos, que son los ladrillos (aunque su historia ya es muy larga), bloques y los elementos prefabricados.

La elección está en función de los gustos particulares de cada uno, de la inversión  financiera que se pueda y quiera realizar, de las posibilidades de aprovisionamiento (proximidad de las canteras de piedras) y las limitaciones que impone el entorno.



Sean cuales sean los materiales que utilice, la calidad de la construcción depende en gran parte de la calidad de los propios materiales. Un buen trabajo no puede suplantar los defectos de fabricación. Por ello existe una normalización de los productos de construcción realizado por equipos técnicos expertos en el tema. Por tanto, si se quiere estar seguro de la calidad del producto que piensa se adquirir, hay que asegurarse de que éste es un material que sigue la normalización establecida al respecto en cada país o zona económica como es el caso de la comunidad europea. En las próximas entradas de este blog, haré unas muestras de los materiales más básicos de la construcción y daré una serie de indicaciones para comprar mejor los productos y los materiales que puedes necesitar para tus obras.






La acertada elección de los materiales es también otro conocimiento indispensable del albañil; los que utilizan, generalmente, son de tres clases:

1.- Ladrillos, tejas, baldosas, etc..

2.- Mampostería

3.- Morteros y cementos.

 

Los ladrillos son de construcción corriente en la industria, y su forma se fabrica expresamente para adaptarla a los usos a que se les destina.

 

Los materiales que constituyen la mampostería son de naturaleza varia, reduciéndose principalmente a rocas ígneas, rocas sedentarias y rocas metamórficas. A la primera de esta clase de rocas pertenecen las piedras toba y la llamada peperino, muy usadas entre los romanos; las primeras, a causa de su ligereza para llenar las bóvedas, y la última para subestructuras. El pórfido y la serpentina han tenido también bastante uso, aunque casi exclusivamente como piedras de adorno. La más empleada de las rocas ígneas es el granito, pudiendo decirse que forma la base de la construcciones de mampostería. Pensad que ese último material es el que básicamente se utilizó para la construcción del monasterio de El Escorial, a falta de otro material más accesible en la zona

 

Las variedades de las rocas sedimentarias que se emplean en albañilería, comprenden las rocas de origen mecánico, las de formación química y las derivadas. En la primera clase de esta subdivisión están comprendidas las piedras arcillosas y las areniscas, siendo, principalmente las últimas, de apropiado uso como elementos de construcción fácil; en la segunda clase, la piedra llamada Travestina, y en la última, las piedras calizas con todas su variedades, las oolíticas y las silíceas. Las rocas metamórficas suministran los mármoles o jáspes, usados más como piedras de ornamentación que de construcción.


Y finalmente hay que tener presente una cosa muy importante en una obra: hacer un cálculo exacto del material que se necesita, con suficiente margen, para encontrar que ni nos falta de más, ni nos sobre de menos, porque ambos casos repercuten sobre el coste del transporte, pues imaginemos que pedimos 50 sacos de portland, con lo que supone de coste de transporte de camión o furgoneta, y luego resulta que necesitamos 15 sacos más, con lo cual hay que hacer otro nuevo transporte. Y lo mismo si sobra material, que hay que llevarlo a otro sitio ,una vez acabada la obra. Unos cálculos bien exactos de lo que se necesita puede evitar los costes de más y la pérdida de tiempo que ello supone. Por eso es muy importante tenerlo presente lo que se necesita exactamente en cada obra, con el previo cálculo aproximado.